En unas recientes declaraciones Valentino Rossi no ha dudado en afirmar que este año ha sido el peor de su carrera deportiva, con solo un podio en MotoGP (Le Mans) y más caídas que nunca intentando encontrar el camino para que la Ducati Desmosedici vuelva a ser competitiva. Fracaso de Ducati dirán algunos, pifia la de pagar el caché de Rossi por un solo podio. Pues no, el negocio que está haciendo Ducati con la contratación de Rossi es morrocotudo, no queremos ni pensar los números que tendría la firma de Borgo Panigale en caso de que el piloto de Urbino rompiese a ganar.
Si la situación en Europa es complicada porque todas las marcas lo están pasando mal la expansión de la marca en Norteamerica y Asia va viento en popa. En Estados Unidos la Ducati 1199 Panigale ya es esperada con fervor, con reportajes en la CNN y documentales en National Geographic al respecto, y Asia ya cuenta con modelos específicos como la Monster 795, sin perder calidad en el trance como otras marcas en los mercados emergentes.
Gran parte de este logro viene de la mayor dimensión global que Rossi le ha dado a un marca que hasta hace poco se negaba a aceptar la globalización cual aldea de Asterix. Por no decir que se han hecho con los mundiales de Superbike y Superstock1000, los dos que conectan más con el usuario final con una aportación monetaria discreta. Seguro que Rossi no aguantará una temporada más en Ducati como la de 2011, pero Ducati ya puede decir que salió ganando del trance pase lo que pase.


