30 agosto, 2014

Prueba de contacto: Triumph Tiger 1050

Triumph Tiger 1050, otra moto a la que teníamos ganas de echarle el lazo y, aunque brevemente, la pudimos probar en la presentación de los Michelin Pilot Sport 3. La trail británica dio un cambio radical en cuanto a diseño y concepto con respecto a su predecesora. Adiós a la imagen dakariana, los fuelles de goma en las barras de horquilla y, dicho sea de paso, a las incursiones en campo.

A los mandos de la Triumph Tiger 1050

A los mandos de la Triumph Tiger 1050

Ficha técnica Triumph Tiger 1050

Ahora es una moto de asfalto, como la mayoría de trail actuales. La verdad es que si no piensas entrar en campo con ella (lo que les sucedía a la inmensa mayoría de propietarios de las trail dakarianas) es mucho mejor así. Sus prestaciones en carretera son infinitamente superiores porque chasis, suspensiones y neumáticos están pensados sólo para asfalto.

Así la Tiger 1050 es una moto con la que puedes ir a trabajar a diario, salir “de curvas” el domingo o hacer grandes viajes. Su postura y cualidades te permiten todo esto. Además hay que destacar que se trata de una moto totalmente normal, vamos que no presenta ninguna particularidad británica como les sucedía a algunos modelos ya antiguos de Triumph. Ésta es subirse, arrancar y tirar millas.

Triumph Tiger 1050

Triumph Tiger 1050

Su postura trail nos permite viajar con comodidad y una gran visibilidad, puedes disfrutar del paisaje y ver por encima de los coches cuando circulas por ciudad. El manillar es ancho y hace mucha palanca para tirar o levantar la moto en curvas. Es fácil trazar con la Tiger y también hacer cambios de dirección, no excesivamente rápidos, pero bien. Frena bien, se sujeta y no tiene ninguna carencia notable. Yo pediría unas suspensiones más firmes, pero posiblemente sea mi carácter racing el que “hable” más que mi lado racional, porque de ser así penalizaría para viajar y en ciudad.

¿Y el motor? el tricilíndrico inglés es una pasada. Conjuga los bajos de un bicilíndrico con los regímenes altos de un tetra, no llega a ser tan tosco como un bi ni tan puntiagudo como un tetra. Así tenemos un motor siempre lleno, que vibra poco y que empuja cuando abres gas sin importar el régimen en el que se encuentre. Lo dicho, una pasada.

Acerca de Iván Solera

Con menos de tres años ya se sabía todos los coches que había por la calle, pero a los veinte su gran pasión pasó a ser la moto, da igual que sea de campo, deportiva, minimoto… ¡se sube a todas! Probador vocacional de alma racing, disfruta con cada moto como si fuese la primera vez.

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