Ya teníamos ganas de que la Yamaha FZ8 cayese en nuestras manos para hacerle una prueba a fondo y así ha sido. La nueva naked de la fábrica de Iwata levantó todo tipo de comentarios en su presentación.
Por un lado están los que dicen que por qué esos 200cc extra, que eso ya no es una naked media. Por otro los que dan gracias por un motor más grande pero menos bruto que los de mil. Pero parecía unánime el desconsuelo al ver que sólo anunciaba 106 CV (8 más que la FZ6). Veamos con detalle qué ofrece la Yamaha FZ8.
Su estética es agresiva y sigue la tendencia rechoncha que inició la FZ1, es gorda y corta. Pero es más la sensación de anchura que la real porque se concentra en la parte alta del depósito. Las piernas se cuelan por debajo de él (incluso las de los pilotos altos) y las piernas no quedan muy abiertas.
La postura de conducción es curiosa, el asiento alto, con el tronco erguido y un poco inclinado para delante pero las piernas muy flexionadas por unas estriberas altas y retrasadas. Por cierto, estorban un montón a la hora de maniobrar en parado y es muy fácil golpearse las piernas con ellas. Y ya que estamos, la pata de cabra la han puesto donde han podido y hay que tener cuidado porque cuesta encontrar la postura para estenderla y no meter priemera sin querer.
El cuadro de instrumentos tiene un aspecto moderno, con el cuentavueltas analógico y una pantalla digital para la velocidad, nivel de combustible, temperatura del motor, reloj horario y cuentakilómetros con dos trips y uno extra para la reserva. Está cubierto por una pequeña máscara (no cúpula) que desvía mucho más aire de lo que parece. A 160 Km/h con 1,85 metros de estatura vas bien, aunque en los hombros sacude un poco el aire. A partir de ahí toca agacharse y sufrir.
El lugar reservado para el pasajero no parece de los mejores pero no lo hemos podido probar porque nuestra unidad lleva la tapa de sillín opcional. Y hablando de opciones, además lleva tacos anticaídas, protector de radiador y quilla, bueno quillas, porque en este modelo son dos piezas.
Me costaba maniobrar en parado y a muy baja velocidad más de lo normal con la FZ8, no sé si porque el manillar está más bajo que en mi moto o en la FZ6, pero me daba la sensación de que pesaba mucho más y que tenía que tener especial cuidado para que no se me cayese la moto. Lo bueno es que, una vez en marcha, esa sensación se transforma en otra de control y seguridad.
Como puntos negativos hay que destacar la dureza general de los mandos típica de Yamaha, también su escaso recorrido de embrague, el cambio de accionamiento un poco tosco y ese tirón que pega cuando tienes el gas cerrado y lo abres, aunque sea suavemente (eso no pasaba con los carburadores). Creo que nada más.
El motor sorprende, es muy suave a bajas vueltas y empuja desde apenas 1.000 rpm incluso en sexta. De verdad, a 40 Km/h en sexta aceleras y la moto recupera sin toses, coces ni quejas. Impresionante. Es dulce y va enfadándose muy poco a poco hasta llegar a 7.000 rpm. Esto nos permite movernos por ciudad sin cambiar mucho de marcha, con comodidad y suavidad.
Pero a partir de 7.000 rpm… ¡Ay amigo! A partir de siete se cabrea que es un gusto y empuja como un loco hasta llegar al corte situado en 12.000 vueltas. Lo bueno es que el conjunto le acompaña. Las suspensión delantera es firme y a la trasera me hubiese gustado darle un par de puntos más en precarga (o adelgazar yo diez kilos, que no me vendría mal). Se puede decir que con la FZ8 Yamaha ha hecho lo que debía haber hecho en su día con la FZ6, como ponerle una horquilla invertida, un basculante trasero de aluminio con refuerzo y pinzas de freno delanteras Monoblock. Aunque curiosamente el anclaje de las pinzas no es radial, pero da igual, frena muy bien.
En ciudad es bastante ágil, la posición elevada ayuda y, como parece más pequeña de lo que es por el mini-colín, psicológicamente te cuelas mejor entre los coches. Lo que me parece un estorbo es el escape tan grande por el lateral. Personalmente prefiero los escapes bajo el colín, aunque quiten sitio de almacenamiento y aunque eleven el centro de gravedad (creo que eso no lo vamos a notar ni tú ni yo en carretera…). Si no, pues escapes pequeños o centrales, pero eso de poner uno lateral tan grande es un problema para girar a derechas entre coches, aparcar y hasta te puedes quemar la bota si tienes el pie grande.
En autopista poco hay que contar, es una naked y sufres el azote del viento, mejor nos vamos a las zonas de curvas. Ahí es donde la FZ8 se siente cómoda y te permite disfrutar a tu ritmo. Si quieres ir tranquilo disfrutando de la ruta, puedes ir en marchas largas gozando de la suavidad del tetracilíndrico de 800cc. ¿Que quieres guerra? Mantén el motor por encima de siete y controla para que no te pille el corte sin querer, porque como empuja sin parar es fácil que llegues.
La FZ8 entra con decisión en las curvas, se muestra estable y sale como un tiro sin poner en apuros al Bridgestone BT-021 trasero. Además no le cuesta cambiar de dirección y no nos exige grandes esfuerzos. En definitiva, es una japonesa… No tendrá la personalidad de las europeas pero se lleva muy fácil desde los primeros kilómetros y te lo da todo pidiendo poco a cambio.
Es sí, en tramos muy revirados atención a las curvas muy lentas porque la primera es muy larga y se junta eso con esa sensación de peso que te comentaba al maniobrar y hace que perdamos precisión en la trazada.
La verdad es que tenía ganas de probarla y me ha gustado mucho. Le pediría más suavidad en los mandos y más agilidad en ciudad para el día a día, pero para ir de curvas es fantástica, esos 200cc más le sientan de maravilla. ¿Y por qué no? Si las naked son motos con las que (de momento) no se va a competir, ¿por qué ceñirse a una cilindrada concreta?
Próxima entrega: Comparativa Yamaha FZ8 contra Yamaha FZ6 Fazer
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Fotos | MoWy
Vestuario: Casco Hebo Laguna, Cazadora Hebo Xaloc, Pantalones Hebo Xaloc, Guantes Hebo Sport Summer







