Ya os comenté que estábamos haciendo una prueba de la LML Star 125 4T y las primeras impresiones a los mandos. Ahora toca verlo al detalle.
Ficha Técnica LML Star 125 4T.
Empezamos por la estética. Poco que decir al respecto, es un scooter clásico para los amantes de lo retro. La comparación con la Vespa PX es inevitable y las diferencias estéticas las encontramos sólo en los anagramas. Eso sí, la gama de colores de la LML y las múltiples combinaciones de tapizado para el sillín, hacen que podamos lucir nuestro estilo retro con modernidad y a nuestro gusto.
La postura de conducción es curiosa, los pies no van simétricos para poder actuar con seguridad sobre el freno trasero, el culo lo llevamos adelantado para cargar peso delante y las rodillas se abren. No es incómoda porque la espalda va totalmente erguida, pero si haces trayectos un poco largos, notarás cómo se acaba cargando la espalda y el trasero.
Pero no hay que dejarse engañar por la vista, aunque aparentemente no se ven novedades las tiene y muy importantes. Por un lado el clásico chasis monocasco estampado en chapa tiene unos refuerzos tubulares de acero que dan más rigidez al conjunto. Además, estos refuerzos permiten que el motor (que es un poco más grande y pesado) se coloque en una posición más centrada. El motor va anclado por silent-blocks para reducir las vibraciones y, precisamente el propulsor, es la mayor novedad.
El motor es un monocilíndrico de cuatro tiempos con dos válvulas de 125cc que desarrolla una potencia máxima de 8,1 CV a 6.000 rpm. Lo curioso es que estéticamente se parece un montón al de dos tiempos de toda la vida, pero es que además se comporta también de forma parecida. Tiene algo más de bajos que el 2T y es bastante lineal en su respuesta.
El cambio es manual de cuatro velocidades situado en el puño izquierdo. El tacto es poco preciso, algo brusco y hay que anticipar los movimientos si quieres que todo salga perfecto y que no se quede a medias un cambio. Para los novatos en estos cambios precisa de una breve adaptación, pero la verdad es que es precisamente en el cambio donde reside el principal encanto de la LML con respecto a sus rivales automáticos. Es más trabajoso, pero también te hace implicarte más con la conducción y con tu moto. Además, poder reducir antes de llegar a un cruce, no tiene precio.
La LML Star 125 4T tiene freno de disco delantero y tambor trasero. El disco frena mucho para una rueda tan pequeña (10 pulgadas) y el trasero frena a trompicones y es fácil bloquear la rueda. Que nadie se eche las manos a la cabeza porque así se ha ido toda la vida (bueno, peor porque el freno delantero también era de tambor) y no pasa nada. Es lo que tienen las clásicas. Con la LML el truco es no usar el freno delantero (o muy poco) porque la mayor parte del peso está atrás y así evitamos sustos con la rueda delantera. El pie izquierdo debe colocarse sobre la viga central del chasis y actuar sobre el pedar de freno con la puntera. Si ponemos el pie en el escudo, apenas hay tacto para frenar.
El comportamiento dinámico es otra de las curiosidades de la LML. Confieso que cuando me subí por primera vez me di cuenta de lo que te pueden engañar los recuerdos y pensé: ‘Si esta moto es nueva y mi vieja Vespa estaba destartalada, ¿cómo iba yo con ella como iba?’
La respuesta me llegó sola al día siguiente, es una moto fácil de conducir con la que, si tienes sangre de carrerista en las venas, irás mucho más deprisa de lo que imaginas. El motor no tira mucho, lógico, pero lo suficiente como para llanear a 100 Km/h. Es refrigerado por aire, así que, si se te ocurre cruzar Madrid por la M-30 de Sur a Norte en fechas calurosas y sin dar respiro al motor (lo normal si quieres ir a más de 80 por hora), verás cómo al final del recorrido acelera menos.
La LML se mueve, se mueve bastante aunque menos que las Vespa, pero es un movimiento al que te acostumbras. Como te acostumbras a entrar en las curvas con una rueda delantera que no sabes si apoya o no, como te acostumbras a frenar sólo con el de atrás y a rebajar la presión en el pedal cada vez que presionas el embrague para bajar otra marcha y así no bloquear la rueda trasera. La LML tiene una conducción muy característica, peculiar pero tampoco complicada.
Con el paso de los kilómetros ves cómo las distancias de seguridad se reducen hasta límites que, nada más subirte a la moto, ni podías imaginar. Y una cosa lleva a la otra y acabas moviéndote por ciudad a mucha más velocidad de lo esperado.
Me confieso un enamorado de las Vespa a pesar de mi corta (pero intensa) experiencia con ellas, así que es fácil imaginar que la LML me ha encantado y me lo he pasado como un enano… Y encima no te lo pierdas, que yendo siempre a tope gasta sólo dos litros y poco a los cien. ¡Qué gozada!
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