Archivo de la Categoría: 'Diario motero'

17/09/2008
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Showy

El jueves pasado estaba medio perdido en algún lugar de la Toscana italiana entre Siena y Grossetto, en un camino de tierra que salía de mitad de una curva a izquierdas.

Mapa de la Toscana
Mapa de la Toscana italiana

Allí estaba con un amigo al borde de la curva y los dos cámara de fotos en mano cuando me dice:

-’¿Eso que suena es una moto, no?’
- ‘Sí y de las gordas’, contesté.

Según era la curva pensé que no podía pasar muy rápido por allí. Era una curva medio rápida que a mitad de trazada se cerraba, asfalto ondulado (no bacheado), con aspecto de no tener excesivo agarre y, para colmo, con restos de arena del camino donde estábamos nosotros.

Yamaha YZF R6-R
Yamaha YZF R6-R

De repente aparece, una Yamaha R6-R negra con un italiano encima debidamente ataviado con un mono de cuero Dainese, botas que me pareció que eran unas Alpinestars y casco blanco. Por supuesto el escape no era de serie pero no llegue a reconocerlo porque el ‘espagueti’ nos vió y decidió dedicarnos una pedazo rascada de rodilla de las que hacen afición.

Mi colega flipaba, -’Ha rozado con algo’- decía. La verdad es que yo también flipé, casi me dieron ganas de tararearle el himno italiano jejeje. Si llego a saberlo le hago una foto preciosa con la rodilla por el suelo y los viñedos de fondo.

Categoría: Diario motero


10/09/2008
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Morgan

No son imaginaciones vuestras, el que firma es Morgan. Acostumbrados a los 20 capítulos anteriores del amigo Showy, os sonará raro, pero hoy ha sido la primera vez que he cogido mi moto “legalmente”. Y, os lo tenía que contar.

Kawasaki ER-5

Era la primera vez que me iba a dar una vuelta con ella. Después de comer con mis amigos Showy y Kokelino, estaba nervioso de vuelta a casa, pensando en la rutilla que iba a coger por donde yo vivo. Me tiro por aquí, que no hay mucho tráfico, luego esta recta, que no hay apenas gente,… Y así, me he hecho un croquis mental del recorrido. No me ha servido pa’ ná, sinceramente.

Lo primero ha sido coger mi equipamiento: chupa, guantes y casco. En cogerlos se tarda un segundo, pero en ponérmelos (en el orden correcto) he tardado lo mío. Vamos, que si mi Kawa hubiera podido se hubiera descojonao de mí. Pues no soy torpe yo poniéndome el casco con los guantes puestos.

Bueno, anécdotas aparte. He cogido la moto a eso de las 6 de la tarde (apuntad la hora, que luego os la preguntaré), he subido la rampa del garaje, he puesto intermitente izquierdo y tironcillo por aquí, tironcillo por allá, he salido a la carretera dispuesto a cogerle el “tranquillo” a mi niña.

Kawasaki ER-5

Esto es como cuando te mueres, que ves pasar imágenes de tu vida a gran velocidad (o eso dicen). A mí se me han pasado por la cabeza todos los consejos que me daba mi profesor de la autoescuela. Ciertamente, para mí ha sido como una muerte y un renacer, siempre he querido tener una moto y para mí es un antes y un después de cumplir un sueño.

He ido por las carreteras de mi pueblo tranquilito, intentando no pisar ninguna línea blanca, evitando los baches, con mucho cuidado, mirando todo lo que se movía y tenía ruedas, centrado, vamos. He cogido un poquito de confianza y al final, casi no me daba tirones. Me falta mucho, pero creo que he adelantado bastante hoy en mi aprendizaje.

¿Os acordáis a la hora que he salido? Bueno… Pues he llegado al garaje a las 19.30 o así. Le he puesto la pitón y me he subido a casa con un hormigueo por el cuerpo impresionante. Las manos todavía me huelen al interior de los guantes, la testa sudada y los pies doloridos de la tensión acumulada. Pero, ¡¡¡qué sensación tan impresionante!!!

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17/08/2008
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Showy

Prestad especial atención a los retrovisores porque en cualquier momento puede haceros un exterior fugaz una mancha azul… Será Morgan con su nueva moto.

El pasado viernes fue un día intenso e inesperado. Fue mi primer día de vacaciones y había quedado con Morgan para ir a ver una moto de un conocido mío que me había parecido interesante para que se comprase. La moto es una Kawasaki ER-5 de color azul metalizado con algo menos de tres añitos y 6.000 kms. El precio que hablamos por teléfono era bueno, pero había que ver bien la moto porque tiene un arrastrón y ese buen precio se podía convertir en una ruina.

Kawasaki ER-5 de Morgan
La Kawasaki ER-5 con Morgan a sus mandos

Si alguno sois aficionado a los coches clásicos populares fijaos bien en la foto, el coche de detrás es un Panda Emelba ‘chato’, un engendro que hacía Emelba con los Seat Panda para convertirlos en furgoneta. Son rarísimos y muy escasos. Vaya nivelón que hay en mi barrio ¿eh?

Vimos la moto, me di una vueltecita (la moto no está limitada y Morgan no la puede conducir) y, aunque vi una avería que a simple vista no se apreciaba, la moto parecía seguir siendo interesante. Cuando pensábamos que nos iríamos a casa y las partes interesadas quedarían en confirmar o no la compra-venta, los planes del viernes dieron un giro de 180 grados.

El vendedor le dice a Morgan que se va de vacaciones, que se lleve la moto, que la mire, la pruebe y que, cuando vuelva que le diga si se la queda o no. Lo que le faltaba a Morgan jejeje. Así que llevamos la moto a mi casa para jugar a los mecánicos.

Morgan se dio una vueltecita con su nueva máquina dentro de mi casa para ir ‘cogiendo el tacto’ a la Kawa. Había que verle, pero apunta maneras porque ya tiene claro que esta moto es como una bicicleta, en cuanto te descuidas está intentando moverla con los pies en vez de con el acelerador jejeje.

Nos tiramos lo que quedaba de mañana apretando tornillos, quitando plásticos y enderezando soportes para que Morgan se quedase con la moto lo mejor posible. Comimos y volvimos ‘al tajo’. La moto no está completa, todavía tenemos que hacerle varias cosas importantes pero ya nos hemos quitado la mitad. Se la acerqué a su casa y allí se quedó aparcada. Qué gracia me hacía ver a Morgan nerviosito y con una ilusión que se le salía por las orejas. En cierta manera me daba envidia lo que él estaba viviendo.

Vamos chaval, a ver si la tienes lista rápido, la limitas y empiezas a hacerle kilómetros. El próximo Diario Motero que tenga que ver con la ‘Kawika’ o su dueño ‘El kawakero‘ lo escribes tú ¿eh?

Bienvenido al maravilloso, caro y peligroso mundo de la moto. Ten cuidado, intenta aprender mucho, ir poco a poco y disfrutar al máximo.

V’ssssss desde una Hornet con el neumático más gordo que el tuyo jejeje

Categoría: Diario motero


12/08/2008
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Showy

Como ya os comenté, he cambiado los neumáticos a mi Hornet y estaba como loco por salir a hacer curvas para ver qué tal con las gomas nuevas.

El viernes di los últimos detalles de las reparaciones y mantenimiento que le hice a la moto con ayuda de Morgan y sólo dejé para el domingo revisar la presión de los neumáticos porque el viernes estaban bastante calentitos ¿eh, Morgan?

Domingo por la mañana, a las 9:15 reviso la presión ya vestido de guerra. ¡Qué calor hace y eso que es pronto! A las 9:30 (bueno, algo más tarde porque siempre apura los 10-15 minutos de cortesía) oigo como ruge la Fazer de mi cuñado subiendo por mi calle. Saludito y en marcha arrancando la Hornet a empujón porque el viernes la batería dijo adiós definitivamente.

Salimos del barrio, cogemos una carreterita con cuatro rotondas y en la tercera la Hornet adelanta por el exterior a una CBR 900 RR que dos rotondas más atrás había vacilado a una CBR 1000 RR que iba de tranqui. Eh, que lo del exterior es porque el tío era muy malo, no es que yo sea bueno.

Caballito con una Hornet
Ni es mi Hornet ni soy yo el del caballito

Autovía tranquilita para que lo radares no nos hagan pupa y a unos 25 kms empieza la fiesta. Me pongo yo delante porque ‘al cuñao’ (nos llamamos así) no le mola ese tramo. Empiezo a enlazar curvas y los Michelín ya van marcando su estilo. Hacen la moto menos ágil que los Bridgestone, cuesta un poco más cambiarla de lado a lado, pero una vez tumbada se siente más precisa.

El ritmo es alegre pero nada del otro mundo, hacemos un tramo de curvas rápidas y las gomas se portan bien. Ya estamos llegando al tramo preferido de mi ‘cuñao’ (una zona muy revirada y con buen asfalto) y antes de llegar me adelanta. Ya casi es un ritual que cada uno vaya delante en ciertos tramos determinados. Empieza con una curva larga a izquierdas cuesta arriba que no se ve la salida. ‘El cuñao’ se tira a saco y yo me descuelgo porque últimamente en el tramo lento que hay antes pierdo el ritmo y me cuesta volver a cogerlo.

Da igual, estaba inspirado y subo como un tiro a ver si le pillo. Maldita Fazer cómo acelera con los Leo Vince, no hay quien la pille con mi avispón. En una frenada fuerte de derechas me acerco mucho y engancho su rueda dejando un margen de seguridad, que esto no es un circuito. El cuñao va muy deprisa y traza más cerrado que yo en el inicio de las curvas, eso me da ventaja a la salida de las curvas porque él se acerca más a los bordes de la carretera pero ¡joder!, cada vez que abre grifo pierdo unos metrillos y el jodío frena siempre muy tarde así que tampoco es fácil recuperar espacio por mucho que yo quiera retrasar la frenada. La verdad es que me quedé descolgado un par de veces por pensar que dos curvas eran más cerradas y luego conseguí recuperar. Eso sí, porque él también cometió un par de errores, si no ni de coña, el tío va por ese tramo a una leche que alguna deportiva se tiene que apartar para que pase.

Chica con una Fazer
Parece obvio que la chica de la Fazer tampoco es el cuñao

Llegamos al cruce donde termina el tramo y, lejos de calmar los ánimos, entramos en una zona rápida
que solemos hacer lenta pero la Fazer sale como un tiro. Bueno, pues yo detrás. Así que llegamos al bar donde solemos parar con el corazón acelerado, los electroventiladores en marcha y yo tenía hasta pequeños calambres en brazos y manos. Tengo que volver al gimnasio, esto no puede ser.

Tras el merecido descanso recorrimos varios kilómetros ya tranquilos hasta ‘mi tramo’. Primero le tocó al cuñao, ahora me tocaba a mí.

Él iba delante, pero antes de la primera curva me dijo que pasara. ¡Qué mamón! Pensaba que no quería correr y tras dos curvas de segunda muy estrechas, con baches, puente y cambio de rasante que hice a saco, le ví por el retrovisor metiéndome la rueda.

Pues nada, que nos hicimos una subidita de cinco kilómetros otra vez ‘pegaos’.

Vaya salidita que nos pegamos, hacía mucho que no nos lo pasábamos así. Lo que pasa es que, cuado llegas a casa orgulloso de las curvas que has hecho y cómo has ‘marcado el neumático’ hasta el final, te pones a pensar un poco y te sientes muy pequeño. Hay gente que con estas mismas motos roza las estriberas, toca con la rodilla en el suelo y van verdaderamente deprisa. No me importa porque no es una competición ni estamos en un circuito. Pero pica un poquito…

Categoría: Diario motero


08/08/2008
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Showy

Vengo del trabajo tan acelerado que tengo que contarlo. ¡Cómo van mis Michelín Pilot Sport!

El domingo pienso darles caña en la sierra, voy a hacerles 150 kilómetros de curvas sin parar a ver qué tal. De momento por ciudad la cosa pinta bien. El suelo está súper sucio y aun así voy tumbando en las rotondas con total seguridad. A ver si cae una buena tormenta y limpia el asfalto porque al final me voy a dar un susto por hacer el cafre jejeje.

Michlín Pilot Sport
Neumáticos Michelín Pilot Sport

Es una verdadera pena lo rápido que el cerebro se acostumbra,. Esa sensación tan cachonda que tienes cuando pones ruedas nuevas que parece que la moto es un tentetieso te dura sólo unos metros. Rápidamente te acostumbras y mover la moto de lado a lado a baja velocidad pierde toda la gracia.

Pero bueno, al precio que están los neumáticos habrá que saborear bien esa sensación e intentar revivirla en un plazo de tiempo lo más grande posible.



05/08/2008
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Showy

Por fin me han montado los neumáticos que encargué, los que tenía estaban destrozados y un pequeño problema administrativo hizo que las gomas nuevas estuviesen esperando en el taller sin que nadie lo supiese.

El caso es que ya está, al final tras muchos años y miles de kilómetros con Bridgestone he sido infiel a los japos y he montado unos Michelín Pilot Sport tan bonitos como estos:

Michelín Pilot Sport
Michelín Pilot Sport

La sensación ha sido agridulce. Los neumáticos perfectos por el momento, la moto vuelve a querer tumbar y no hace cosas raras, aunque aún están en rodaje y no he podido hacer gran cosa. Lo que sí he notado es que con los Bridgestone la moto se tumba y se levanta con mucha facilidad, con los Pilot Sport tiende a tumbar pero hay que levantarla, me recuerda a unos Dunlop que tuve. Ya os contaré cómo van cuando pueda haga más kilómetros.

Ahora viene lo malo. Me duele haber elegido un taller con una larguísima experiencia en el montaje de neumáticos y que las cosas no se hagan bien. De primeras he tenido que pedir que me dieran mis tapones de válvulas metálicos que valen una pasta porque se los habían dejado por ahí y me habían puesto unos de plasticazo.

Luego he visto que la rueda delantera tiene más plomo que una peli de Clint Eastwood. Le han puesto dos ristras de cuatro plomos a cada lado en el mismo punto de la llanta. Antes no lo llevaba y nunca ha retemblado, lo que me lleva a pensar que ha coincidido el punto de desequilibrio del neumático con el de la llanta. Que yo sepa, cuando esto sucede deshinchas el neumático, lo giras sobre la llanta 180 grados, hinchas y vuelves a equilibrar. Así hay que poner mucho menos plomo, pero se tarda más, claro.


Mi llanta delantera brillante y con la pintura intacta

Y lo peor ha sido cuando he llegado a casa, resulta que las llantas que con tanto cariño había pintado en negro satinado estaban blanquecinas (como cuando se te resecan las manos) y con extraños churretones oscuros en la zona pulida. Les he dado un producto de limpieza especial para carrocerías que protege la pintura y es muy aceitoso pensando que se habían resecado por algún desengrasante raro que hubiesen usado. Pulverizo, paso un trapito… ¡y se va la pintura!. Pruebo a pasar el trapo por la otra llanta sin echar nada y también se lleva la pintura. No sé qué mierda de producto de limpieza han echado pero ahora me toca volver a pintar las dos llantas. Seguro que desde que las pinté las he lavado más de 50 veces y estaban perfectas, sin un arañazo y sin desgastes por el roce con las cadenas antirrobo (están forradas e intento que no arrastren por la llanta cuando las pongo).

Así que estoy deseando salir a hacer curvas con mis nuevos Michelín pero también me va a tocar desmontar las dos ruedas otra vez, volver a lijarlas, volver a volver a empapelar, volver a pintar, volver a montar y, ya de paso, reequilibraré la rueda delantera. Eso sin dejar la moto inutilizada en diario porque la necesito, sin apenas tiempo libre para hacerlo y con muy mala leche. Porque no es lo mismo la ilusión con la que haces uno de estos trabajos para cambiar la estética de tu moto que repetir casi todo porque te lo han jodido. Vaya mierda.

Categoría: Diario motero


29/07/2008
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Showy

Parece que los males siempre vienen juntos. Después de que la batería me diese un toque de atención (y me da que no va a durar mucho), resulta que la Hornet ha pillado un catarro.

Hace cosa de un mes, en la sierra, empezó a toser a eso de 11.000 vueltas, fallaba un poco y luego seguía subiendo bien. Como en ciudad no se suele ir a esas revoluciones y los dos últimos meses han sido caóticos en el trabajo y en casa, no he podido echarle un vistazo y la he tenido hasta sucia (eso para mí es como un sacrilegio). El domingo pasado salí a desfogarme un poco y la Hornet volvió a toser exactamente igual, incluso cuando iba a detenerme llegó a pararse el motor porque no mantuvo el ralentí. Vaya mosqueo me pillé.

Honda Hornet 600 2005
Honda Hornet 600 del 2005

Hoy he encontrado un rato y a eso de las seis de la tarde me he puesto manos a la obra. He sacado el filtro del aire y ya de paso las bujías. Por kilómetros no toca ninguna de las dos cosas, pero hago muchos recorridos muy cortos por ciudad (3,5 kilómetros). Eso castiga la dichosa batería una barbaridad (ya tiene tres años y pensaba que no llegaría al año y medio), la ciudad ensucia el filtro y en las bujías he encontrado depósitos de carbonilla. Mira que de vez en cuando le pego una alegría al motor y los domingos que salgo se nota que se limpia y va más suave los siguientes días. Pero nada, había carbonilla en las bujías.

He puesto el filtro, las bujías, le he corregido una pequeña holgura en la dirección que también apareció el domingo (en esta moto hay que quitar el manillar para hacerlo), he tensado la cadena, he revisado el apriete de la tornillería, he sacado la batería para comprobar el nivel de electrolito y resulta que es sin mantenimiento. Y, ya que tenía el depósito desmontado, he ajustado el tensor del acelerador que va en los carburadores para destensar el que sale del puño que estaba ya al máximo. Eso al final es lo que más tiempo me ha llevado porque la maldita contratuerca estaba inaccesible y encima un poco agarrotada.

Honda Hornet
Una naked de estilo clásico

Bueno, después del repasito la he arrancado y sonaba bien, como siempre. He recogido, he subido a casa, me he lavado las manos y me he asomado a la ventana. ‘Las 20:20 h… La jefa y los niños están a punto de llegar, pero si se retrasan un poco a lo mejor me da tiempo a dar una vuelta hasta el cerro para probar la moto…’

Dicho y hecho, pantalón largo, cazadora de verano, guantes, casco y las llaves de la Hornet. La verdad es que a los 6 kilómetros creo que ya sabía que la moto no fallaba y se notaba más suave, pero el Leo Vince me gritaba desde atrás con su grave voz que siguiese hasta el cerro, que me daba tiempo. Y así ha sido, he llegado a casa justo a la vez que la familia, empapado en sudor, oliendo a gases de escape de los coches, con unos cuantos mosquitos en la chupa y en los vaqueros, pero con una pedazo de sonrisa que todavía me dura. ¡¡Qué bien va mi moto y qué bonita es!!

Categoría: Diario motero


24/07/2008
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Showy

Pues nada, que he vuelto de la playa y estoy tan empanado que casi tiro la Hornet al suelo. Llevaba tres semanas sin arrancar la moto y, como suelo hacer muchos trayectos cortos, la batería se ha quejado esta mañana. Al dar al botón de arranque he oído que el motor volteaba algo más despacio de lo normal y, para no forzarla, he decidido arrancarla al empujón.

Como buen Yamahero de los ‘90 tengo amplia experiencia en eso de arrancar al empujón, tanta que hoy he ido de listo estando medio dormido y casi la lío muy, pero que muy gorda.

Honda CB600F Hornet 600

En vez de empujar la moto hasta una rampa corta y pronunciada que hay en mi garaje, tirarme montado y arrancar, he decidido hacerlo bonito (eso sí, con el casco y todo ya puesto). He pegado tres zancadas rápidas hacia la rampa, he apoyado el pie izquierdo en la estribera para subir como en la bici (pasando la pierna por detrás) y, cuando estaba con la pierna a punto de rebasar el colín… he pisado la palanca del cambio.

Como no iba rápido la moto se ha parado en seco, el cuerpo se me ha ido para delante y me he visto con los dos pies en el aire, el manillar haciendo tope y todo el peso venciéndose hacia la derecha, justo para el lado donde no tenía ningún pie disponible.

La Hornet debe tener algún antecesor equilibrista o algo así porque no entiendo como no me he ido al suelo. Ya me ha salvado de más de tres caídas seguras… ¡cómo la quiero!

Al final no ha pasado casi nada, sólo que al aterrizar una de las espinillas me ha golpeado con la estribera y me he hecho una ‘herida con chichón’ que duele un puñao.

Moraleja: Cuando estés medio dormido deja las posturitas y ve a lo seguro.

Por cierto, antes de ir al curro me he pegado un rulito cañero para cargar la batería (y lo ha hecho) y para quitarme el mono de moto que traía jejeje. Madre mía, que caigan un par de tormentas para limpiar el asfalto porque escurre que es un gusto, creía que iba con una mil en vez de con la avispilla.

Categoría: Diario motero, Humor


02/07/2008
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Showy

Yo fui tardío en esto de las motos, hasta los 20 años mi pasión eran los coches pero una Semana Santa pensé en comprarme una motillo para pasar con ella el verano. Mi experiencia se resumía a mover en primera una Kawasaki GPZ 500 en un garaje a medio embrague unos 30 metros como muchísimo. Eso sí, con más miedo que vergüenza porque esa moto era muy nerviosa según mi padre jajaja…

Kawasaki GPZ 500
La primera moto que conduje se parecía a esta Kawasaki GPZ 500, pero era más antigua

Dicho y hecho, llegué a casa y el mismo lunes me fui de peyas en la facultad para apuntarme al examen por libre. La excusa en casa es que iban a cambiar el examen y nunca se sabe si se puede necesitar en algún momento de la vida.

Me dieron cita para un mes más tarde, fui a un circuitillo similar al de examen situado justo detrás del centro de exámenes y le dije al tío ‘Buenas, que me voy a sacar el carnet y no he cogido una moto ni un ‘Vespino‘ en mi vida. El tío muy amable me explicó el funcionamiento de la Vespa, me quitó 3.500 pelas por media hora en su circuitillo y quedé con él el día antes del examen para gastar allí otra media hora (me vió ‘preparado’ ya el primer día, yo flipaba).

Vespa PX
La Vespa de alquiler era algo así, mucho más antigua y defenestrada

Con esa ‘gran experiencia’ a mis espaldas el día del examen fui con mi padre a recoger la Vespa (tenía que alquilarla alguien con carnet). ‘Tiene que llevarla tu padre, tú sólo puedes conducirla durante el examen’, me dijo el tío simpático del alquiler. Pero mi padre y yo pasábamos un poco del tema y, como sólo era una calle y cruzar el centro de exámenes, pues llevé a mi padre de paquete (qué huevos mi viejo).

Cuando me tocó salir a examen estaba nerviosillo y llevaba unas pintas para morirse de risa. El casco era el que usaba para BMX cuando tenía 12 años, blanco de motocross, de aquellos antiguos sin mentonera, con visera enganchada con tres corchetes y lleno de pegatinas de aquella colección de cromos de marcas (seguro que os acordáis, Nike y Reebook eran de las más cotizadas). Además, como soy un poco grande, tenía que deslizar el culo hacia el asiento del pasajero para que no me diese el manillar en las rodillas al hacer el slalom entre palos. Parecía la Pantera Rosa.

plano examen moto
Plano del circuito de examen

El tema es que me salió bien, llevé de nuevo a mi padre de paquete para devolver la Vespa al alquiler (esta vez más tranquilo y más deprisa, me echó la bronca), él se fue a trabajar y yo cogí el metro hasta casa. Llevaba cara de tonto con una medio sonrisa puesta fija en la cara y soñando en tener moto, yo que lo único que conocía de las motos eran las carreras que había visto en el Jarama cuando era pequeño, que tenían un par de ruedas y que ‘corrían’ mucho.

Esto es poder de auto-sugestión y lo demás es tontería.

Categoría: Diario motero


22/06/2008
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Showy

El domingo pasado los astros se situaron en la, últimamente extraña, posición ideal para salir a dar una vueltecita en moto. Cuando usas la moto a diario hay momentos en los que dejas de valorar la maravillosa sensación de moverse sobre dos ruedas… en buen estado.

La verdad es que disfruté como un enano de los 160 kilómetros que hicimos, pero los neumáticos de la Hornet ya no están para alegrías. El delantero está muy gastado (casi liso) por los laterales, se ha quedado un perfil triangular, mientras que el trasero ha llegado a los avisadores por la parte central, está algo cuadrado.

Honda Hornet
Mi Honda Hornet 600, un juguete que da mucho y pide poco

Así lo que está claro es que es imposible hacerse con la pole. La rueda delantera al iniciar las curvas quiere tumbar como una loca pero sólo hasta un punto, más allá hay que forzar. Por su parte, la trasera se muestra un poco vaga a la hora de tumbar por ese desgaste central y luego no presenta problemas. Eso sí, si no trabaja muy inclinado desliza con mucha más facilidad.

La moto va descompensada, exige calma y tener la cabeza en su sitio. Las compañeras de salida eran una Fazer 600 2005 con los neumáticos a medio uso y otra Hornet pero del 2007 con sus neumáticos originales en buen estado. Daba gusto verles tumbar, qué facilidad y seguridad.

Está claro, con los neumáticos no se juega y mucho menos en moto. He apurado más de lo normal porque ha coincidido que el uso ha sido en ciudad, pero una sola salida dominguera (sin sustos) me hizo descolgar el teléfono y encargar un precioso juego de neumáticos.

Ya os los enseñaré.

Categoría: Diario motero


20/05/2008
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Showy

En la parte anterior de esta historia me quedé en Chiclana, empujando la FZR y empalmando un cable de la alarma para poder volver a casa.

Por fin pusimos rumbo a Madrid y paramos para ver en un bar la carrera de 500 y para comer algo. Al rato de reanudar la marcha se puso a diluviar, ¡con lo bien que íbamos! Los tornillos de la tapa trasera de la cola de mi escape se aflojaron con las vibraciones y salieron volando un par de ellos, así que tocó parar, apretar bien el que quedaba y poner un poco de cinta aislante para sujetar la tapa y que no se perdiese. Seguimos la marcha.

De buenas a primeras veo que Andrés y yo nos quedamos solos, le hago señales para que pare y nos quedamos bajo un puente. Después de esperar un rato decidimos volver. Hicimos un cambio de sentido en el que nos habría ido mejor con una moto de agua que con nuestras 600. El agua nos llegaba casi hasta los bujes.

Honda CBR 900 RR Fireblade 1998
La CBR 900 de Caro era como esta en color gris, preciosa pero al lado de la R1…

Por fin los vimos en una gasolinera o una parada de carretera, no recuerdo bien. Resulta que la pobre GSXR dijo que ya estaba mayor para esos trotes y se le partieron los espárragos de dos colectores. Un poco de alambre de una valla que había ahí al lado, tira de aquí, sujeta allá y p’ alante otra vez.

A estas alturas, muchos de los rapidillos que salen corriendo del circuito ya nos habían adelantado, así que antes de llegar a Madrid pillamos atasco. Ya estaba anocheciendo y aproveché para rellenar el aceite de la FZR, de todos es conocida la sed de estos motores y la mía no iba a ser menos. Ésta sería la última parada hasta llegar por fin a Plaza de Castilla a eso de las 22:30 horas desde las 11 que habíamos salido.

Nos despedimos de parte del grupo y, cuando estábamos subiendo a las motos para ir a casa, Perico, Andrés y yo nos cruzamos una mirada peligrosísima. ¿Nos tomamos un cacharrito antes de ir a casa? Jooodeeeer, que estábamos destrozados y no se nos ocurre otra cosa que irnos de copas hasta las tantas.. o más. Y aquí os pongo la mayor tumbada que he hecho en mi vida, fue ese mismo día en la puerta del garito antes de (definitivamente) ir a casa.

Tumbada Yamaha FZR
Qué bonita era mi FZR… ¡y cómo tumbaba!
Fijaos en la indumentaria: los vaqueros, los guantes de bici…

Así acabó un accidentado pero divertidísimo viaje a Jerez, mi primer Jerez y no el último porque, aunque no lo creas, al año siguiente repetimos ¡¡pues claro!!

Categoría: Diario motero


19/05/2008
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Showy

Bueno, dejamos la historia en que había que irse a dormir después de un día interminable.

De camino al hotel el cansancio se iba notando. Si no recuerdo mal ibamos 7 motos, todos en fila detrás de la 900 de Caro que era la que más alumbraba (la única que alumbraba, la verdad). En una desviación a derechas, Caro se despista y casi se va recto… y detrás de él todos siguiendo la luz, claro.

Yo recuerdo que Josito desde el colín de la GSXR empujaba hacia el interior de la curva mi cúpula y yo hacía lo mismo con mi codo derecho sobre el carenado de Andrés. Menos mal que íbamos despacio.

Entrando en Chiclana a Perico le pega una de sus ventoleras y entra a saco. Resulta que había una rotonda en obras con arena en el suelo, Josito que lo ve, se pone tieso y le empieza a avisarle. Pero Perico la traza a saco y se marcan otra derrapada histórica.

Cuando llegamos al hotel tardamos más de 30 minutos en atar todas las motos juntas para que no nos las robasen (y eso que eran unos trastos) y, cuando ya habíamos terminado, vimos a una pareja de portugueses dejar su R1 con menos de dos meses sin un mísero candado. Yo no daba crédito.

Yamaha R1 1998
La moto con la que soñábamos en 1998, en Jerez estaba plagado ese año

Por fin nos tiramos en los sofás-cama, no sin antes cerrar a tope las cortinas porque ya era de día, llevábamos casi 24 horas despiertos y no teníamos sueño. Es más, no podíamos dormir porque nos habíamos tomado más de 10 Red Bull cada uno de los que regalaban en los oasis y teníamos lo ojos como platos.

Al día siguiente (al rato) fuimos a dar una vueltecilla en moto, al circuito a vender las entradas y otra vez a El Puerto a seguir la fiesta, comer un poco y más y más fiesta.

El domingo, con los cuerpos machacados, no levantamos cerca de las diez para volver a Madrid. Antes de salir de Chiclana mi FZR se paró en seco tras pasar por un bache. Caro me quería desmontar media moto y Perico y yo nos pusimos cabezotas. ‘A ver, si ayer la moto falló un par de veces al pasar por unos guardias tumbados y hoy se ha parado tras pasar por otro… tiene que ser algo eléctrico’. Así que levanté el sillín y allí estaba, un puñetero cable de la alarma que se había cortado. Eso sí, el tiempo para descubrirlo, el mosqueo y la paliza empujando la moto para ver si arrancaba a 40 grados a la sombra con la chupa y el casco puestos, eso no nos lo quita nadie.

Mañana os cuento el regreso a casa que, aunque no os lo creáis, también fue movidito.

Categoría: Diario motero


18/05/2008
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Showy

En el anterior capítulo nos habíamos quedado en el primer oasis con lluvia, frío y mucho Red Bull.

A partir de ahí tuvimos que parar en varias ocasiones porque yo no podía con el frío, la verdad es que íbamos todos fatal, pero yo era el peor equipado.

Cuando llegamos a Despeñaperros apenas llovía pero el suelo estaba empapado. Nos dio igual, por fin curvas. Yo ya había cogido algo de temperatura, achuché un poco a Andrés y nos pusimos a hacer curvitas a buen ritmo. De repente, cuando pensábamos que éramos casi buenos en agua nos pegan un pasote dos ‘cosas’ que nos dejan tiradísimos.

Era una R1 de Barcelona (la primera que veíamos circulando porque acababa de salir) con un chaval y su novia de paquete. Esa era la primera mancha, la segunda era negra, era la Roca de Perico pegadísima a la rueda de la R1 con Josito de paquete. La R1 iba por el sitio, pero la GSXR iba por las paredes, derrapaba en todas las curvas hasta que en una llegaron a hacer tope con el manillar. Al final el de la R1 cedió, imagino que se acojonó y pensó que era mejor dejar a esos zumbados macarras de negro.

Suzuki GSXR 1100
Esta era la GSXR, entre esto y la R1 hay unos cuantos avances tecnológicos ¿eh?

Cuando volvimos a casa nos enteramos de que el amortiguador trasera de la GSXR había pertenecido a Mariano Urdín y que estaba tarado para sus 70 kilos de peso (de cuando corría, claro). Perico en esa época pesaría 85 kilos y Josito no menos de 100. Así derrapaba la pobre Suzuki.

El tiempo empezó a mejorar y salió el sol, en el peaje de Sevilla íbamos a saco pero con las motos de lado por el viento que hacía. Madre mía, tuvimos de todo en ese viaje que, parando a comer, tardamos casi 12 horas en hacer.

Una vez en Chiclana, dejamos los trastos y nos fuimos a El Puerto de Santa María, a alucinar con la fiesta hasta que casi se nos hizo de día. Lo pasamos en grande y, tal era el calentón que llevábamos, que al sacar las motos del parque donde las teníamos no pude evitar quemar un pelín del Michelín Hi-Sport de mi FZR.

Mañana seguimos que ese viaje dió para mucho.

Categoría: Diario motero


17/05/2008
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Showy

Llevaba justo un añito con mi FZR 600 y se acercaba el GP de Jerez. Perico se puso nervioso un mes antes y compró una GSXR 1100 del 87 que estaba en un pajar para que rápidamente ‘El Uge’ (nuestro mecánico, el mejor como mecánico y como amigo) la devolviese milagrosamente a la vida.

Andrés ya llevaba un montón de kilómetros encima de su CBR del 89 comprada hacía algo menos de un año, ‘el Caro’ acababa de sacar del concesionario una preciosa CBR 900 y Josito no tenía moto pero estaba como loco por ir a Jerez. Al final se apuntó a la fiesta David con su CBR 600 en rodaje y… sin un duro y con mucha ilusión organizamos un viaje al GP de Jerez entre compañeros de trabajo y amigos.

Yamaha FZR 600
Mi FZR era como esta

Reservamos unas habitaciones en un hotel bastante lujoso en Chiclana por mediación de David que conocía a no sé quién, nos salía por dos duros y encima nos metimos un montón en cada habitación para economizar aún más. Pero espera, que llevábamos entradas desde Madrid y, como la cosa estaba muy mala, decidimos revenderlas en la puerta del circuito para financiar el viaje (era eso o no poder ir).

Te voy a contar mi equipamiento para que flipes un poco. Casco Bieffe de resina (bastante malo), una cazadora de cuero muuuy gordo y con unas formas que parecía una gabardina, una faja, un pantalón vaquero, botas de montaña, mallas térmicas de ciclista y unos guantes de bici de invierno.

Salimos de casa (al final se juntó más gente, íbamos un buen grupo) y se pone a diluviar, yo me empapé al momento y la FZR empezó a toser. Tanto fallaba que en una gasolinera de la Avd. de Andalucía paramos a ver qué podía pasar. Bien empezábamos, mojados y averiados sin haber salido de Madrid.

Toqueteando un poco vimos que uno de los cables de bujía estaba un poco chungo y mal enganchado, se limpió, se colocó bien y a correr. Yo me puse unas polainas de montaña para calarme un poco menos las piernas y no helarme. Por suerte dejó de llover un poco… pero luego volvió a caer con más fuerza. Yo me moría.

Honda CBR 600 F 1989
La CBR de Andrés era como esta en rojo y gris. Era más bonita la FZR ¿no?

Al rato se monta un peazo atasco tremendo sin ton ni son. ¿Y esto? Pues que estaba granizando a saco, pero granizos como canicas, de verdad. Lo coches se paraban e iban muy despacio haciendo carriles entre el granizo y amontonándolo a los lados. Recuerdo haber pasado entre los coches parados por una montañita de granizo de más de medio metro de alto.

Después de esto llegamos al primer oasis ¡por fin! Bajamos el ritmo, frenamos, nos vamos colocando en paralelo para parar, paro y… se me engancha el hilo de acero de la polaina en la estribera y tumbo peligrosamente la moto. Menos mal que había un colega al lado para frenar la caída y darme tiempo a sacar el pie para evitar lo peor.

En el oasis lo pasamos bien, aunque yo ya no podía dejar de tiritar, el frío se me había colado hasta los huesos. Nos tomamos unos cuantos Red Bull que regalaban y que creo que era la primera vez que probábamos. Estaba rico, así que tomamos unos cuantos porque el día parecía que iba a ser muuuy largo.

Pero eso ya te lo cuento mañana.

Categoría: Diario motero


29/04/2008
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Showy

En el último capítulo de nuestro ‘Diario Motero’ hablaba de lo chungo que es ir en el sillín de atrás de la moto y suscitó múltiples comentarios. Pero la verdad es que hablaba de ello desde el asiento de delante, hoy os voy a contar una de mis pocas experiencias de paquete.

Para empezar os diré que no me gusta ir detrás, no me gusta nada. Voy incómodo y con la sensación de ir molestando al piloto. Bueno, al tema.

Era veranito, creo que el año 1998, había una fiesta motera en una sala en el centro de Madrid y mi moto estaba en el taller, así que me tocó ir de paquete. Fuimos tranquilitos, llegamos a la fiesta y era un poco rollo, así que decidimos ir a otro sitio conocido donde sabíamos que lo pasaríamos bien. Iba con mi amigo Perico y su vetusta GSX-R 1100 del 87, la Roca, un pepino del Jurásico que había recuperado de un pajar y andaba como un tiro. Estaba pintada entera de negro, cúpula ahumada y con las llantas doradas, como la del Halcón Callejero. Entre eso, que llevaba sólo un retrovisor de coche en el lado izquierdo y las ruedas de 18 pulgadas, no veas qué cachondeíto nos traíamos con la moto.


Suzuki GSXR 1100 1986 roja y negra

Pues resulta que el amigo Perico iba con ese dinosaurio tan deprisa que se lo hacía pasar mal a muchas deportivas de última hornada, aunque a mí me respetaba más que a su chica cuando me llevaba de paquete. Pero sólo a mí se me ocurre decirle en la madrileña Glorieta de Cuatro Caminos que ese cacharro no andaba un pimiento.

Semáforo verde, primera… me agarro a unos huecos que quedaban entre el depósito y el chasis temiendo arrancar de cuajo el depósito… segunda, golpe de gas sin tocar embrague… ¡y despegamos!

Posa la rueda delantera con suavidad pero sigue engranando marchas. Era ya tarde y subíamos por Bravo Murillo a una velocidad que pasaba de largo los 120 Km/h. Y ahí fue cuando me dí cuenta de que esa calle hace curva, siempre pensé que era recta o casi recta. Pero a la caña que íbamos tuvimos que usar los dos carriles y parte del carril bus para poder negociar la curva de derechas.

Suzuki GSXR 1100 1986
Suzuki GSXR 1100 1986 azul y blanca

Justo cuando estábamos en mitad de la curva, tumbados a saco y yo con más miedo que vergüenza… Aparece un Seat Panda rojo de una calle adyacente y se mete sin mirar. ¡¡Aquí va a ser!! Pensé.

Yo me lo habría tragado enterito, pero Perico cortó, frenó lo que pudo con la moto todavía tumbadísima y le adelantó por el interior. Salió bien, pero no he vuelto a ir de paquete deprisa nunca. Siempre que han tenido que llevarme ha sido por obligación y muuuy despacio. En cuanto la velocidad es mayor que lo que yo estimo que es seguro (que es una velocidad bajísima) empiezo a torturar al que me lleva con gritos, palmaditas y, si es necesario hasta puñetazos.

¡Qué bonita es la moto… desde el asiento de delante!

Categoría: Diario motero, Humor


16/04/2008
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Showy

Pues resulta que el otro día tenía que ir con Morgan a hacer un recadillo por el centro de Madrid y, según está el tráfico en la capital, decidimos ir con mi moto.

Pobrecita Hornet, ya está harta de mi peso y encima se sube el otro bicharraco en el asiento de atrás. El tema es que recojo a Morgan -abracito de rigor- se viste y se sube a la moto.

- ¿Todo bien bicho? - Le dije.
- Bien, bien, pero creo que te voy a dar algún toquecito con mi casco en el tuyo hasta que me acostumbre.

Esto me lo dijo cuando no habíamos recorrido ni 100 metros y ya me había dado dos golpes. Cogemos un curvón a derechas en segunda para incorporarnos a la carretera y, de repente, la Hornet empieza a tumbar sola. Yo ya sabía que esta moto es ágil, pero no que tuviese vida propia.

Honda Hornet
Honda Hornet’05

Cuando llegamos a nuestro destino comentamos un poco la jugada: los múltiples toques con el casco, las descolgadas que se hacía desde la parte de atrás, los continuos cambios de postura y lo pesado que es ‘el tito Morgan’ (de peso, no de pelmazo). Lo que me dejó un poco extrañado fue el afán con que me apretaba con los brazos, piernas, pecho y todo lo que pillaba. Le dije que si tenía que contarme algo, que le quiero un montón pero en plan amiguete y que el tema de los roces prefiero dejarlo para las mujeres.

Al final resulta que yo no le atraigo, es que hace tiempo tuvo ‘fuertes experiencias’ al ir de paquete y por eso se agarraba tan fuerte.Y es que, no nos damos cuenta de lo duro que es ir ahí atrás y no valoramos cuando llevamos un buen paquete. ¡Ojo! Que no por saber montar en moto, tener mucha experiencia o ser realmente buen piloto se es necesariamente buen paquete. Yo llevo un montón de kilómetros en moto y soy un PAKETÓN si voy de paquete. Mira que intento ir relajado, no moverme, no agobiar, no quejarme… pero es superior a mis fuerzas y acabo por apretar con las piernas, llego con los brazos y el cuello agarrotado y la boca seca de decirle al compi que no corra.

Desde aquí quiero expresar mi admiración a todos esos paquetes (hombres y mujeres) que hacen kilómetros y kilómetros desde la parte de atrás, disfrutando y aprendiendo a no sufrir.

Bueno Morgan, por alusiones te dejo que te metas conmigo en los comentarios de esta entrada, pero recuerda que te llevé suavecito y que si te pasas conmigo la próxima vez seré bastante más brusco.

Categoría: Diario motero, Humor


19/02/2008
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Showy

Viendo el título y los anteriores capítulos de esta sección váis a pensar que estoy todo el día ‘arrastrao’. Pero la verdad es que no hay más de lo que aquí os cuento, tres o cuatro sustillos sin consecuencias.

A lo que vamos. Era una mañana preciosa de primavera, íbamos tres amigos con una VFR 750, una VFR 800 y yo con mi Exup recién salida de su metamorfosis (esto te lo cuento otro día). Salimos por la sierra madrileña con tranquilidad y decidimos subir el puerto de Navacerrada. Como casi siempre había bastantes coches en la subida, así que disfrutamos más del tramo de Navacerrada a Cotos. Paramos en el parking de Cotos a contar mentiras, fumar un cigarrito y tomar una Coca-Cola (lo típico).

Total, que nos volvemos a abrochar el casco y empezamos a bajar hacia Rascafría. Es una bajada preciosa, entre pinos, con curvas muy cerradas, el suelo sucio de los pinos y muchas luces y sombras, así que íbamos muy tranquilos.

Yamaha FZR 1000 Exup 91
Yamaha FZR 1000 Exup 1991

De repente en una curva muy cerrada de derechas vemos un autocar que venía de frente y empieza a cerrarse a saco al hacer el giro (mucho más de lo necesario, era exagerado). Mi colega Fidel clava los frenos de su bonita VFR 750 parándose a punto de rozar con el guardarraíl porque ya no había sitio entre éste y el autocar. Yo clavo a saco y toco un poco con el frontal del carenado en el escape de la VFR y rozo con el guardarraíl el lateral derecho recién pintadito. El otro colega con su VFR 800 nuevecita tiró de frenos y le sobraron dos metros… Con buena picha bien se j…

Mi mosqueo era bestial, pero lo malo es que el autocar seguía girando y nos iba a espachurrar contra el guardarraíl despacito pero sin pausa. Fidel empujando contra el autocar consiguió librar su moto del achatarramiento, pero yo veía la cosa muy negra y me tiré al otro lado del pretil. Después de dar tres vueltas como una croqueta y agarrarme a un pino para no seguir rodando volví a la carretera y ví a mi cuñado (el de la 800) y a Fidel corriendo y golpeando el autocar para que se parase porque el mamón se daba a la fuga.

Consiguen pararlo y veo a un tío que sale del coche de detrás gesticulando y haciendo gestos obscenos. En mi furia interior me dirijo a él pensando que nos estaba llamando locos y te juro que le iba a partir al boca. Cuando me acerco veo que es un compañero del curro y que ni siquiera nos había reconocido. Estaba flipando. Resulta que era monitor de la excursión de chavales que iban en el autocar y que el conductor iba haciendo el cafre durante todo el viaje. ‘Si ya sabía yo que iban a tener un accidente, no sé si va borracho o es un inútil’ me dice.

Al final todo quedó en un parte amistoso, dos motos arañadas y magulladas de fibras y yo con una mala leche bestial por lo que podía haber pasado. Súmale a esto explicar en casa que acabas de reparar la moto de una caída en la que no has sido responsable y que el primer día que la sacas a pasear te la espachurra un autocar que va trazando en plan Carlos Sainz… Yo tampoco me lo creería.



15/02/2008
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Showy

Creo que ayer nos quedamos con el colega entrando en la cafetería de cabeza.

Pues allí hicimos fotillos a las motos llenas de nieve, nos tomamos algo caliente y alguien dijo que tenía casa en un pueblo a unos 30 kilómetros en sentido opuesto al temporal. Allí fue donde mandamos al carajo el objetivo del viaje: Pingüinos.

Otra vez a vestirnos de guerra y a las motos. La verdad es que en dirección Madrid se circulaba mejor porque el viento y la nieve los llevábamos de espalda, pero la carretera estaba de pena. Había que ir por las rodadas de los coches porque había más de cinco centímetros de nieve.

Íbamos a unos 40 por hora y con mucho cuidado, cuando de repente, el primero del grupo se cae sin ton ni s