En la parte anterior de esta historia me quedé en Chiclana, empujando la FZR y empalmando un cable de la alarma para poder volver a casa.
Por fin pusimos rumbo a Madrid y paramos para ver en un bar la carrera de 500 y para comer algo. Al rato de reanudar la marcha se puso a diluviar, ¡con lo bien que íbamos! Los tornillos de la tapa trasera de la cola de mi escape se aflojaron con las vibraciones y salieron volando un par de ellos, así que tocó parar, apretar bien el que quedaba y poner un poco de cinta aislante para sujetar la tapa y que no se perdiese. Seguimos la marcha.
De buenas a primeras veo que Andrés y yo nos quedamos solos, le hago señales para que pare y nos quedamos bajo un puente. Después de esperar un rato decidimos volver. Hicimos un cambio de sentido en el que nos habría ido mejor con una moto de agua que con nuestras 600. El agua nos llegaba casi hasta los bujes.

La CBR 900 de Caro era como esta en color gris, preciosa pero al lado de la R1…
Por fin los vimos en una gasolinera o una parada de carretera, no recuerdo bien. Resulta que la pobre GSXR dijo que ya estaba mayor para esos trotes y se le partieron los espárragos de dos colectores. Un poco de alambre de una valla que había ahí al lado, tira de aquí, sujeta allá y p’ alante otra vez.
A estas alturas, muchos de los rapidillos que salen corriendo del circuito ya nos habían adelantado, así que antes de llegar a Madrid pillamos atasco. Ya estaba anocheciendo y aproveché para rellenar el aceite de la FZR, de todos es conocida la sed de estos motores y la mía no iba a ser menos. Ésta sería la última parada hasta llegar por fin a Plaza de Castilla a eso de las 22:30 horas desde las 11 que habíamos salido.
Nos despedimos de parte del grupo y, cuando estábamos subiendo a las motos para ir a casa, Perico, Andrés y yo nos cruzamos una mirada peligrosísima. ¿Nos tomamos un cacharrito antes de ir a casa? Jooodeeeer, que estábamos destrozados y no se nos ocurre otra cosa que irnos de copas hasta las tantas.. o más. Y aquí os pongo la mayor tumbada que he hecho en mi vida, fue ese mismo día en la puerta del garito antes de (definitivamente) ir a casa.

Qué bonita era mi FZR… ¡y cómo tumbaba!
Fijaos en la indumentaria: los vaqueros, los guantes de bici…
Así acabó un accidentado pero divertidísimo viaje a Jerez, mi primer Jerez y no el último porque, aunque no lo creas, al año siguiente repetimos ¡¡pues claro!!


¡Qué crack Showy! Esa tumbada no la hace ni Rossi con su Yamaha M1
Cosas de la edad, pero no creas que el carenado tocaba el suelo, entre mi pierna y dos colegas la teníamos sujeta para que la nena no sufriese.
la idea de la foto es de una mente makabra……q tomarias esa noche…..mu BUENA la historia
minidano, yo diría que están como cabras… más que makabra…