Nunca olvidaré el viaje a Pingüinos del ‘99. Lo teníamos todo pensado y preparado, nos hacía una ilusión tremenda porque por fin todos los colegas del grupo teníamos moto y este iba a ser nuestro primer viaje juntos.
Allí estábamos, todos con paquete menos uno y con nuestras ‘joyas’, una CBR 600 con menos de un añito, otra del 89, una Cagiva Freccia C-10 de 125 (éste es el que iba sin paquete) y mi FZR 600 del 91 como ésta de la foto:
Íbamos a salir el sábado a mediodía, nada más salir de trabajar pero llovía a mares y en la tele decían que venía un temporal tremendo y que no era recomendable salir de viaje… ¡en coche! ¿Y qué crees que hicimos? Ponernos el traje de agua y salir a la carretera.
Salimos de Madrid, hasta el túnel de Guadarrama nos comimos todo el agua del mundo y, a partir de ahí… nieve, mucha nieve y el viento en contra.
La cosa más o menos iba hasta que el colega de la Freccia se quedó sin gasolina, llevaba la reserva puesta y se quedó seco. Fuimos a por gasolina y la italiana no arrancaba ni para atrás. Volvimos hasta una gasolinera que acabábamos de pasar porque nos estábamos quedando tiesos y nos tomamos un par de carajillos para entrar en calor y empezar a sentir las manos. De repente, entra en el bar un tío sin quitarse el casco, con los ojos enanos, rojos y con todas las ventilaciones del casco y el hueco tras la pantalla lleno de hielo. Flipamos.
Pero conseguimos arrancar la maldita Freccia y seguimos camino hacia Tordesillas, total sólo quedaban unos 90 kilómetros, eso sí, ya era de noche. Llegó un momento en que las rodadas de los coches desaparecieron, íbamos a 40 o menos y ya empezábamos a acojonarnos porque nevaba tanto que no veíamos nada de nada.
Decidimos parar en otra gasolinera que tenía cafetería, restaurante, tienda y estaba lleno de moteros. La puerta de la cafetería era de cristal, de doble hoja con apertura automática… y allí que fué el colega de la CBR del 89 al tocar el freno delantero sobre la nieve. La moto aterrizó en la acera, pero él y su chica entraron a la cafetería dando vueltas.
Imagínate las risas, fué tremendo. Pero no creas que esta caída fue la anécdota del viaje, que queda lo mejor. Eso sí, te lo cuento mañana que por hoy ya es bastante.



[...] Creo que ayer nos quedamos con el colega entrando en la cafetería de cabeza. [...]