El otro día fui a darle una vueltecita por la sierra a mi hermana que todavía no había ido en mi actual montura y la chica tenía ganas. Así que, tras madrugar un poco y desmontar la tapa del sillín, salimos a hacer unas curvas. Sin darme cuenta, el ritmo fue un poco rápido y mi pobre hermana lo padeció en sus muñecas, como no se queja…
Hacía muchísimo que no salía por ahí con paquete, pero hubo una época que siempre que alguien iba sin moto acababa en la parte de atrás de mi moto. En aquel entonces tenía una encantadora Yamaha FZR 1000 EXUP del ‘91, la de horquilla invertida y faro elipsoidal. La moto de mis sueños desde que salió.

Como era la más grande del grupo (por motor y tamaño), era el taxi del grupo. Un día salimos a montar y llevaba a un amiguete detrás de los que también se quejan poco. La cosa se animó y para poder seguir (y adelantar) a los demás, que iban con 600 y sin paquete, íbamos un poco por las paredes. Lo pasamos genial, pero lo mejor fue en el bar, tomando la Coca-Cola.
Estábamos contando las peripecias de la mañana cuando mi amiguete suelta:
-’Tío, ¿y por qué antes de entrar en algunas curvas movías el manillar de lado a lado?’
-’No Fidel, yo no movía los semimanillares, el tren delantero es lo único que iba derecho. Lo que pasa es que llevábamos la rueda de atrás deslizando de lado a lado y a tí desde ahí atrás te parecería que movía el manillar, pero era toda la moto la que se movía’.
Se quedó pálido y desde entonces hay cachondeíto con eso de mover el manillar para los lados.

