Así me sentí el domingo al final de la carrera de MotoGP.
Por un lado súper-contento por la victoria de Dani Pedrosa que le dió el subcampeonato en la categoría de MotoGP. Bien por Dani, se lo merece por lo durísimo que ha sido este año para los pilotos Michelín y las ganas que le ha echado en todas las carreras.

(Foto de la web oficial de Dani: DaniPedrosa.com)
Pero por otro lado está lo de Rossi. Con tres huesos de la mano derecha rotos, sin poder apoyar correctamente la mano, sin poder acelerar ni sujetar el cuerpo bien en las frenadas… va el tío y sale a pista, con dos cojones.
Se pone a pegarse para conseguir un único punto que era lo que necesitaba para conseguir el subcampeonato en caso de que Dani ganase, consigue situarse en los puntos con dificultad y dando una lección de pundonor y… va la Yamaha y se rompe. Yo flipo. No me extraña que por la noche no fuese a la entrega de premios, debía tener un cabreo monumental.
Ánimo Rossi y enhorabuena Dani, el año que viene seguro que el mundial está más abierto y nos lo vamos a pasar pipa con vosotros dos, Stoner y todo el que se arrime por los puestos de cabeza.

